... y entonces, cuando el último invitado se haya ido, llevándose consigo el último abrazo de la noche, él y los que lo antecedieron me habrán dejado a mí un tesoro tan enorme como ningún otro rey jamás regaló a ninguna otra amada... y tan intangible que no lo podría llevármelo en otro lugar sino aquí adentro, donde habita cada uno de ellos, en esta tierra tan marcada con sus huellas, donde habitan estos eternos sentimientos, donde mueren los recuerdos. Para renacer en lo que soy. Siempre nuevo.
A cada uno, gracias.
Gracias por todo.
Omnia mea mecum porto. Os llevo conmigo, siempre.
A cada uno, gracias.
Gracias por todo.
Omnia mea mecum porto. Os llevo conmigo, siempre.