sábado, 21 de mayo de 2011

Audaz y calculista

Beatriz Sarlo elije dos sustantivos para titular su más reciente ensayo sobre la política argentina: La audacia y el cálculo (Buenos Aires: Sudamericana, 2011, 240 páginas). Una muy bien seleccionada imagen de tapa ilustra con brillante ironía lo que vendría a ser uno de los hilos narrativos de la obra: allí vemos a Néstor Kirchner usando el dedo medio para señalar el horizonte. En el mismo sentido conducen las inscripciones "Kirchner 2003-2011" que figuran en la tapa y en las portadas. Pero al contrario de la práctica editorial corriente, la ficha bibliográfica no registra el supuesto subtítulo. Lo que quizás podría tomarse como un detalle o quizás o descuido, revela, en mi opinión, un rasgo más de la autora. Brillante lingüista que es, no le debe haber resultado difícil encontrar términos cuyas adjetivaciones resultan invariables en cuanto al género: audaz y calculista habrá sido Néstor, pero también lo es Sarlo. Y si su libro llega a superar la condición perecedera de los mensajes contemporáneos - que constituye uno de sus objetos de análisis - podrá reeditarse sin la referencia nominal y fechada de esta primera edición. Podría, incluso, reducir el número de páginas a 211, que marca el punto donde la respetable ensayista abandona la máscara de intelectual para ponerse la de periodista aggiornada con su tiempo - pasible de las mismas debilidades por ella reseñadas.

Leer a Sarlo resulta siempre en un buen ejercicio intelectual. Escribe con fluidez, sin ser vulgar. Maneja conceptos complejos con elegancia y precisión. Es honesta en el recorte de su objeto de análisis y explícita en la selección de sus fuentes. Su mérito también reside en la selección de una temática de indudable relevancia: los efectos del contacto entre la política y los emergentes espacios de interacción subjetiva, como Facebook o Twitter, en la construcción discursiva.  Lo hace no desde la elucubración teórica, sino a partir de una inmersión que le permite realizar una investigación empírica que no será exhaustiva, pero que se acerca a los métodos científicos de nuestras laxas ciencias sociales. Ello sería suficiente para recomendar su lectura, en lugar de otros títulos que pululan en los estantes de novedades de las librerías porteñas en época pre-electoral. A los enamorados de la política, las cerca de cinco horas que podrían tomar la lectura corrida de estas páginas son mejor inversión de tiempo que la navegación encadenada por blogs, tweets, feeds.
"El encadenado es el principio constructivo de una sintaxis que vincula plataformas. Sin esfuerzo, todo lo que aparece en Facebook puede ir a Twitter y viceversa; todo lo que se publica en un blog puede ser incorporado por link a cualquiera de los dos entornos (...). El carácter encadenado de la navegación en internet potencia la repetición de los mensajes; es un sueño ininterrumpido y sobresaturado." (p. 60)

Sarlo no hace un aporte teórico nuevo, pero interpreta con lucidez los aciertos y errores de políticos argentinos en el uso de los medios de comunicación, desde los más masivos, como la televisión, hasta las redes sociales. Resalta la fragmentación y la creciente subjetividad de los mensajes vehiculados. Analiza el impacto del estilo televisivo en las prácticas comunicacionales de la esfera política a partir de casos testimoniales: Gran Cuñado, el twitter de Aníbal Fernández, las campañas de Macri y De Narváez, 6 7 8. Lejos de pretender imparcialidad, convence al usar la misma estrategia que le atribuye a Cristina Fernández de Kirchner: la retórica argumentativa. Pero también recurre a lo que considera el instrumento discursivo de Kirchner - la invectiva - aunque de forma mucho más elegante.
"Entre las múltiples funciones del jefe de Gabinete establecidas por la Constitución no figuran la de responsable de la vocería presidencial. Sin embargo, primero con Menem, y ahora con das dos presidencias K, el jefe de Gabinete ocupó siempre ese lugar (...). Es sabido, por supuesto, que Aníbal Fernández no tenía la obligación de preparar un acontecimiento que no sucedió en los dos años de la explosión Twitter. Me refiero a las reuniones de gabinete que jamás necesitaron Néstor Kirchner ni Cristina Fernández." (p. 77)

La mayor parte del tiempo, Sarlo se ubica externamente al objeto de análisis. La principal excepción se da en el capítulo que aborda la relación entre los intelectuales de Carta Abierta y la conformación del discurso kirchnerista. Al mirar el video de la Declaración del Bicentenario, colgado en la página web de aquél grupo, comenta:
"los paneos sobre los participantes en el acto permiten comprobar el rango de edad y el nivel social y cultural que se ha definido hace un momento: pequeña burguesía ilustrada y progresista, el sector al que pertenezco y que sé reconocer como se reconoce una tribu o una aldea" (p. 129)

Claramente se trata de un sentido de pertenencia mediatizado y quizás por eso reste profundidad o consistencia al reconocimiento declarado.

Desde su casa, Sarlo mira con desparpajo y algo de desprecio a los habitantes de Celebrityland. Audaz y calculista, no los reconoce como sus vecinos. Una lástima. Seguramente tendría mucho para decir desde el lugar que ocupa como celebridad mediática que trata de política. Pero quizás en dicho caso los derechos de autor irían a La Nación. Comprensible.

********************

P.S.: Después de verla a Beatriz Sarlo en 678, retiro la principal crítica que le hago: la de ubicarse afuera. Corrobora mi admiración y su elegancia. Igualmente, disiento de algunas cosas: el discurso federalista resultó más convincente en la lectura de Forster; tampoco comparto con Sarlo la interpretación sobre el conflicto por la 125 y la ley de medios, que ocupan las treinta últimas páginas de su libro. Creo que tendré que ampliar la nota. Y sacarle esa ironía innecesaria de la conclusión. (24/5/2011)

miércoles, 4 de mayo de 2011

Probá!

LA


PRUEBA DEL ARTISTA


APRUEBA EL ARTISTA


PRUEBA EL ARTISTA


A PRUEBA DE ARTISTA


PRUEBA



Dedicado a Luciano Vinhosa. Ou Gu.