[caption id="attachment_383" align="aligncenter" width="428" caption="purifica los pecados y los pecadores"][/caption]
Señores, no me van a creer. Pero lo he visto con estos ojos - no me han contado. Yo estuve allí, en ese lugar que dicen sagrado. Donde los hindúes van a buscar la redención de sus pecados. Donde queman sus muertos para que puedan volver en otra vida virtuosa.
Los he visto, señores, a esos hombres y mujeres lavar sus ropas con esa agua que la Lonely Planet dice estar entre las más contaminadas del mundo. Mojan las ropas, las fregan, las baten contra las piedras, las enjuagan. Luego, las tienden en los escalones de piedras de las ghat. Ellas secan al sol y ellos las vuelven a vestir. No me han contado, no - lo he visto.
He visto a esos hombres y mujeres acercarse en el frío invierno a la orilla, desenvolverse de los paños que los cubren, acuclillarse ritualmente y buscar con las manos esa agua, para llevarla a la boca tres veces. Y luego a la cabeza y luego todo el cuerpo. Los vi meterse de a poco en el río, bien temprano a la mañana, el sol todavía escondido detrás de la espesa niebla gris. Y zambullirse enteros, tres veces o más. Incluso nadar, con brazadas firmes y certeras, a lo ancho del Ganges, el río sagrado.
Vi en la noche y en el alba alumbrarse velas rodeadas de flores, depositadas sobre la superficie líquida y abandonadas a la corriente. Kharma. Y mis ojos leyeron las letras luminosas que decían en inglés:
El Ganga purifica los pecados y los pecadores. Déjalo correr ininterrumpidamente.
[caption id="attachment_385" align="aligncenter" width="428" caption="lavan sus ropas"][/caption]
[caption id="attachment_384" align="aligncenter" width="428" caption="con brazadas firmes y certeras"][/caption]
El agua del Ganges es inmunda, señores. Lo dice la Lonely Planet, pero también lo he visto yo. Sin embargo, debo confesarlo, no me animé a tocarla. Tampoco la acerqué a mis narices. Y aunque desde la orilla no se percibe ningún otro olor sino el de sándalo - y en algunas partes el humo fúnebre y santo - con mirarla fue suficiente para corroborar mi prejuicio: es inmunda el agua.
Pero la gente no se muere! No, señores, no se muere esa gente que la toma, que en ella se baña y lava su ropa! Esa gente se purifica y se multiplica en esta agua en la que dejan sus muertos, sus heces, sus flores, sus velas, sus pecados.
No me animo a tocarla. Pero dos veces me subí a un bote y por cien rupias las navegué, con los brazos rentados de un local. Y saqué fotos, muchas, para que me creyeran ustedes y para que no me olvidara yo. Pero les confieso, señores: no me he animado a tocarla a esa agua inmunda. Me senté en esas escalinatas y me puse a escribir. Sin más mirar, sin más escuchar, sin más. Escribí.
[caption id="attachment_386" align="aligncenter" width="428" caption="por cien rupias"][/caption]
Presiento que no son suyos los pecados que traen esos millares de peregrinos. Cuerpos rentados.
Pero eso sólo lo presiento, señores. No lo vi ni me lo contaron.
[caption id="attachment_388" align="aligncenter" width="428" caption="esos millares de peregrinos"][/caption]
Escrito en Varanasi, 16/12/2010.
Fotos por Marcelo Souto.
Gracias por compartir estas reflexiones. Muy buenas fotografías, por cierto.
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