Me pregunta la petiza qué son planes, sueños, estrategias. Me pregunta, aunque no le interese la respuesta. Pero sí quiere saber que viene después de la felicidad – ese anhelo universal y tan humano. Cuántas cosas querrá saber? Habrá respuestas para todas ellas?
Me las pregunta en medio de una noche insomne… Yo me revolvía en mi cama, intentando digerir toda aquella carne que me había tragado el día anterior… Resultado de un asado entre amigos. No hay dudas que fue un momento de felicidad. Y la noche insomne, será lo que viene después de la felicidad? Me parecería muy cretino contestarle así… Aunque en realidad no vaya mucho más allá de eso. Es que soy así, cretino… Pero bue, intentemos ser un chiquitín más dignos…
Por aturrante, no le doy la respuesta a medias. Si quiere saber qué viene después de la felicidad, tengo primero que explicarle qué son planes, sueños, estrategias. Empecemos por planes. La definición se da por el contraste y la ausencia. Planes son esas cosas que la petiza tiene y yo no. No que no me gustaría tenerlos, al contrario. Pero no se me da… No sé si me explico. A ver… Un plan es algo grande. A menudo me refiero a planes menores: un viaje a Rio, mi programación para el finde, la decisión de correr cada mañana en el parque o la cena que pienso preparar en cuanto llegue a casa y que antecederá el libro que leeré. Aunque les diga planes, no merecen tal denominación. Son demasiado ordinarios… Están empapados de la coyuntura, las emociones del momento, la irracionalidad de los mortales. Prefiero llamarles tácticas. O estratagemas para sobrevivir en medio al caos. Uno busca ubicarse de la mejor manera posible en la tormenta de pequeñeces que le acomete. Busca sacarse buen provecho de la situación. Me considero un buen táctico. A veces más, a veces menos, he logrado hasta hoy “escapar del purgatorio de sobrevivir”. He logrado encontrar placer y goce en la rutina de la cosas – ojo: no en mi rutina, sino en la rutina de las cosas, que es distinto. Por otro lado, no soy buen planeador… La petiza sí lo es.
El planeador mira más allá del concreto e inmediato. Se proyecta en el futuro y busca intervenir en el presente de manera a moldear el porvenir. El plan es eso: una gran visión de futuro, basada en un ideal (un sueño!!!). El plan implica un proyecto: un conjunto de intervenciones y esfuerzos ubicados en el tiempo y al espacio con miras a alcanzar un determinado fin ( sea, un conyunto de estrategias!!!). Y una vez que los planes son grandiosos, a los proyectos se suele adjuntar “de vida” o incluso, los más ambiciosos, “de existencia”.
Pero, como les decía, yo no soy buen planeador. Ojalá lo fuera. Sí tengo sueños. Tengo visiones, imágenes, delirios de un porvenir. Un porvenir que es mío pero que también incluye a los demás que me rodean. Son fragmentos incoherentes de una irreal realidad futura. Estos sueños pueblan mis noches y mis días, me hacen mover. Pero me muevo sin un plan. Me muevo por impulso. Porque no soy bueno con cálculos y cuentas. No me da para abstracciones. Claro que me encantan los existencialistas franceses (sobretodo Sartre) pero no logro ponerlos en práctica… Me parecen tan ajenos – aunque yo comparto de muchas de sus preguntas. El tema es que hay otros tipos que por fin me encantan más… Pero no importan los filósofos, sino la filosofía… Pero, antes, terminemos con esta parte. Me muevo sin un plan. Y todavía, con planecitos… Las tácticas a las cuales me refería. Será por incompetencia. Otros dirían que será la falta de ambición. Incompetencia quizás. No la falta de ambición. Ambiciones las tengo y muchas. Deseos, pasiones, anhelos. Fuertes, intensos. Yo lo sé. Y trato de buscarlos, de vivirlos. Pero en un plan bastante más ordinario… Incluso porque al no creer que me espera un paraíso celestial pasada la muerte, mucho menos un voluptuoso infierno, prefiero no arriesgar… Así que soy más inmediato. Las cuestiones de más largo plazo, mañana las resuelvo, cuando tenga más informaciones sobre las cuales basar mi decisión. Desgraciadamente, cuando llegan las informaciones, llega también la coyuntura y el posible plan ya se ve reducido en táctica. Y así voy viviendo los días… Parecerá desordenado y pequeño. También irracional. Pues, que garantía tengo yo que algún día alcanzaré mis sueños? La verdad que ninguna. Pero ustedes saben mejor que yo que todo uno tiene algo de irracional. Y mi irracionalidad se traduce en una fe casi cristiana de que el universo conspira a favor de los buenos. Y yo insisto en creerme en el lado de estos… Ojalá no esté equivocado… (o si no, cagué…)
Creo así haber hecho la distinción entre planes, estrategias, tácticas, sueños, proyectos, etc… La petiza, que no se interesa por todas esas boludeces, ya me habrá puteado un millón de veces (sin malas palabras, claro) pero, con un poco de suerte, aun tenga fuerzas para llegar al final. Y el final es sencillo.
Qué viene después de la felicidad? Yo, ordinariamente, contesto a la pregunta desplazando la felicidad en el tiempo. La felicidad ya no es un sueño. No es el ideal aristotélico. De lo contrario, los que como yo no logran mirar más allá del día de mañana se cortarían de un tajo las venas desesperados en la angustia de no saber qué hacer para lograrla (una vez que no hay cursos preparatorios para estrategas…). La felicidad es más bien una coyuntura. Es el resultado de un buen tiro de dados. Algo que mezcla suerte y táctica. Pero, como suele pasar con todo que es coyuntural, la felicidad desgraciadamente se deshace. Y qué viene después? Depende. Es una cuestión de suerte. Y también una cuestión de táctica. Un cuestión de cómo enfrentarse a los hechos tal como se presentan y buscar sacar de ellos buen provecho. El resultado a veces es infelicidad. Otras veces, es más felicidad. Pero, en realidad, es siempre un mixto de los dos, en distintas proporciones. Y siempre, siempre, siempre perecible, efímero…
Pero y qué pasa con la felicidad en cuanto finalidad de la vida humana? Tiramos Aristóteles a la basura? No! Nunca! La felicidad sigue siendo el propósito último. Pero ya no es el éxito o fracaso de un gran plan. Sino más bien las fichas que le quedan al jugador de póquer, tras años y años sentado en la mesa. Quizás la distinción sea que, en esa mesa, la fichas son recuerdos.
Qué sé yo petiza…
Qué bueno estuvo el asado...
Odio el apodo que me elegiste. No sé si te lo dije. No pensé qué ibas a escribir un paper en vez de una simple respuesta a mi casilla.Respeto tu opinión, pero me molesta que hagas un análisis de mis pensamientos o mis deseos ya que la mayoría de lo que decís sobre mí no es verdad.Como todo el mundo dice: ¨por más que pase el tiempo, nunca terminas de conocer a la persona¨.¿Qué necesidad de ¨enamorarme de tu mundo¨ o ver el mío ¨a través de mis ojos¨?Para ciertas cosas prefiero la diversidad. Como también la complementariedad.Gracias por tomarte tiempo y contestarme.El cariño de siempre.
ResponderBorrarDesde que te conoci que te llamo por ese apodo... Cambiarlo sería artificial para mí. Pero puedo evitarlo, si te molesta tanto... Aunque yo siempre lo diga con cariño...Cuanto a la diversidad: a eso me refiero cuando digo que me encantaría un día poder ver el mundo desde tu ojos. Me gustaría explorar el mundo desde diversas perspectivas. Si para vos la diversidad tiene una dimensión exclusivamente exterior, a mi me parece más interesante internalizarla... Si no, se vuelve desagregadora.Cuanto a las palabras sacadas del diccionario: es un gran elogio que me haces. No tengo diccionario de castellano (queda la sugerencia para mi próximo cumple). Lo que pasa es que, como decis, por más que pase el tiempo, nunca terminas de conocer a la persona. Pese a todos los mails que hemos cambiado a lo largo de este tiempo, nunca te diste cuenta del contacto estrecho e íntimo que tengo con el lenguaje escrito - por eso leo tanto, por eso me encanta tanto escribir. Quizás por eso use palabras burlescas o raras... Natural que suene extranjero o que estén mal ubicadas. Aunque fuera en portugués, sería así. Es el reflejo de mi estado, de mi esencia... Y la esencia siempre es ajena a la persona que la mira desde afuera...De esta vez, tus cariños me parecieron sarcásticos... Gracias, pero paso.
ResponderBorrarNo sé por qué sigo entrando acá. Prometo que es la última vez!!!No te voy a contestar. Siento que tu blog lo usas como diario intimo pero a la vez lo hacés público.No quiero participar más de eso.Tampoco seguir escribiendote vale la pena ya que, jugando con la asociación libre freudiana,interpretás lo que te escribo según tu interés.Alors, à bientôt!Besos.
ResponderBorrarotra cosa,yo jamás dije o creí que te conocía. Marcelo dice: ¨nunca te diste cuenta del contacto estrecho e íntimo que tengo con el lenguaje escrito¨Claro, Borges!, tenés razón!. Nunca me di cuenta....
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