miércoles, 27 de octubre de 2010

El censo de la política (o De la necesidad de buscar a Godot)

Por la tele miro la concentración de millares de personas en la Plaza de Mayo. Esta mañana murió Néstor Kirchner. La noticia me llegó junto con el censo, a eso de las 10 de la mañana. Hasta empezada la tarde, en los diarios solo encontraríamos un solo artículo de opinión - o mejor, un cuestionable manifiesto de wishful thinking. Todo el día su muerte monopolizaría la cobertura de todos los medios de comunicación. Una ironía final.

Mi primera reacción - y la que de alguna manera persiste - fue decir: las cosas se pondrán feas adentro del PJ. Algo muy distinto de lo que le pasó a un muy querido amigo. Para él, se había muerto su líder.

Son situaciones así que nos llevan a plantear nuestra relación con la política y su espectro ideológico. Kirchner nunca encarnó para mí lo que yo podría considerar un líder democrático, aunque sin dudas le sobraban antecedentes para que lo fuera para muchas otras personas. Para mí, debo reconocerlo ahora que presiento entenderlo, él era únicamente una opción. Con su esposa, compañera y socia eran quizás la mejor opción. La que supo rescatar al país de la crisis económica, pero sobre todo de la simbólica. Néstor Kirchner brindó a la Argentina aquello que tanto necesitaba luego de la debacle institucional del 2001: una institución, la presidencial. No hay dudas: le sobraban antecedentes. Y sin embargo, nunca me alcanzaron. Por qué?

Es difícil encontrar respuesta a esa pregunta. Me identifico con un amplio abanico de políticas llevadas a cabo por "la pareja K". Un conjunto de principios y acciones que no encuentro en los demás actores del actual escenario político. Pero los escándalos de corrupción que lo rodean, la manipulación a veces antojadiza de la máquina administrativa, la mala costumbre de favorecer a algunos empresarios amigos, la concentración del poder en torno a una persona - con un proyecto, por cierto, pero una persona al fin y al cabo - creo que son algunas cosas por las cuales nunca me he sentido muy cómodo con respecto a Kirchner. Su muerte me invade así más como una preocupación acerca del desarrollo del actual escenario político que como una pérdida íntima.

La muerte súbita del animal político Néstor Kirchner deja un vacío. No dentro de mí, sino dentro del espacio público argentino. Acorde a las leyes de la física, los cuerpos se van a re-acomodar. En qué dirección? Qué liderazgos saldrán fortalecidos? Qué nuevas fuerzas podrán imponerse? Cómo se van a recomponer las tan variadas piezas de este rompecabezas tan complejo que conformó al así denominado "kirchnerismo"? Qué ha sido el peronismo sin Perón? Podrán las ideas consolidarse en instituciones, más allá de las cortas vidas de sus obreros? Y lo que más me importa: podré yo reconocerme en este espejo?

Hoy fue también un día para censar nuestros principios, nuestros ideales. Por la tele miré la concentración de millares de personas en Plaza de Mayo. Por qué desde tan lejos?

Quizás porque no mueve en mí la misma fibra que le ha tocado a mi amigo militante. Por no ser yo mismo militante, su militante, aún apoyando a su legado más que al de los que se ubican en oposición a él. Quizás porque sigo esperando a Godot y no sé que rostro tiene. Tampoco si vendrá.

Quizás, a ejemplo de mi amigo, debería yo salir a buscarlo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario