lunes, 24 de enero de 2011

En la casa de mi abuela

Repasando el Bestiario, de Cortázar, me acordé de estas líneas dedicadas a mi abuela.

Gran Dona Sarah!

 

Me prendo un porro en Belo Horizonte – de alguna manera mi casa. En el living de la casa de mi abuela – que por tanto tiempo fue mi casa, hace tanto tiempo. El acaso quiso que me encontrara tantos años después en ese living; que nosotros le decimos “sala”, casi invariablemente precedido del artículo. Exiliado de mi pieza, profanizando lo sagrado.

Para nosotros, “la sala” era el lugar prohibido de la casa. Todo era demasiado delicado, demasiado prolijo, lindo para nosotros, los niños. Éramos torpes, desordenados, unas pequeñas bestias, por decirlo de algún modo.

Nunca pude entender por qué insistía tanto mi tía en sentarse en esos sillones y actuar tranquila. “Estar en la sala” significaba tener que cuidar cada movimiento, que portarse bien. La actuación era una premisa. Más bien el comedor, “la copa”, ése sí era un lugar cómodo de la casa, eventualmente. Ésa era la casa de mi abuela. Mi casa. Que siempre fue la casa de mi abuela. Eventualmente, un lugar cómodo para estar.



 

[caption id="attachment_416" align="alignleft" width="300" caption="Donah Sarah, na sala."][/caption]

 

Escuchando la música ahora, en la oscuridad, sentado en el sillón mirando las paredes, casi entiendo lo que siente mi tía. Será algo cercano a lo que siento yo en la que le digo mi casa. Quizás haya algo generacional en eso. Algo de los primos.


Me doy cuenta de que me aprendí las reglas. Y de algunas de ellas me liberé. Otras tantas soy. Y con suerte un poco más.




Me río. En esa cocina aprendí a cocinar. La puta madre que no tengo un encendedor. Y que ya no se necesiten fósforos.

Belo Horizonte, 24 de junio de 2010.


 

1 comentario:

  1. Olá querido! Nossa, gostei muito de tuas linhas...conseguiram traduzir sim uma face do que significava "a sala",rs.

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