miércoles, 18 de febrero de 2009

Pedro me dijo

que la mayoría de la gente llega a su casa y prende la tele (o el tele, lo hubiese dicho yo).
Ahí se tira un rato. Hace zapping. Se entera de la crisis en el mundo, del súper plan de Obama, de los despidos masivos de GM.
Por ahí se levanta, come algo. Spaghetti, digamos. Un diente de ajo, medio tomate perita, azeitunas. Rápidamente saltados en oliva con los fideos.
Con suerte, lee un libro. As mulheres do meu pai, de José Eduardo Agualusa. Y recuerda los placeres de entregarse a una novela, de dejarse llevar por la escritura. Uno que otro vicio mediante.
Eso me dijo Pedro. O casi eso.

El dios! La gente se ha acostumbrado a vivir sola.

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