Vi el trailer y no me gustó. Después empecé a ver las muchas notas que aparecían en los más distintos medios. No las leí. Mis amigos la fueron a ver. Rechacé la invitación. Y el tiempo pasó.
Hasta que llegó un domingo. Eran las 19h00 y solo en mi casa trataba de escribir algunas líneas que me pudieran salvarme de la perdición la mañana siguiente. La procastinación no es una elección: es un estado de espíritu. El escorpión no puede con su naturaleza. Así que agarré la billetera y fui a ver El Origen, de Nolan. Balde de pochoclo en mano.
No voy a posar de bueno: la película me gustó. Coincido con Fito: otros habrán explorado más y mejor el mundo de los sueños (aguante Lynch y su Mulholland Dr.). Pero creo que Joaco se acerca mucho más - su comment al post de Kansas no tiene desperdicio. Si de comparar se trata, Nolan no compite con Buñuel, sino con los Wachowsky, de Matrix.
Más que en el mundo de los sueños, Nolan nos invita a entrar en el mundo de las ideas, en el mundo de la creación. Qué es la realidad? Será un debate desgastado - valga Aristóteles - pero que nos sigue encantando. O al menos a mí. Cuál es la realidad deviene menos importante que la consciencia de que existen muchas más cosas que las que percibimos en nuestra limitadísima consciencia. No solo existen, sino que cobran materialidad en nuestras aburridas y cotidianas vidas. Una verdad de perogullo, quizás, pero muy bien trabajada. Acaso Shakespeare inventó la traición? Por supuesto, no quiero comparar a Nolan con el autor de MacBeth, pero ayuda a ilustrar mi argumento.
Pero algo más me dejó pensando cuando dejé la sala oscura y estaba en el mismo título de la película. Traducida al castellano como "origen", "inception" figura en el diccionario como "the establishment or starting point of an institution or activity". Intencionalmente o no, la película de Nolan ayuda a reforzar mi duda acerca de extrema dificultad de, racionalmente, precisar el surgimiento de la mayoría de las cosas. Lo mismo para la pretensión de controlar su curso. Quién le plantea la duda a Mal? La culpa de Cobb no es más que otro reflejo de su megalomania. Un rasgo de su personalidad que termina jaqueado cuando él se ve obligado a incurrir en el mismo "error" para "salvarlo" a Saito (ok, guys, this is Hollywood). Tendrá que matarse para volver a vivir. La paradoja atraviesa toda la trama y de forma muy elegante, para mí.
A esto le sumo los increíbles gráficos. Una vez más: sabia decisión la de elegir el HD al 3D - si nuestro cerebro es capaz de hacer la decodificación, para qué ahorrarle (poco) esfuerzo a la masa gris para "ganar" una menor variedad de colores (bancatela de nuevo, Burton!). Si los sueños se ven "demasiado" reales, mejor! Quién no se ha confundido entre sueño y realidad? Perdonenme, pero aún siendo miope (antes de la operación) nunca mis sueños fueron borrosos y todavía dudo que no pueda volar, si realmente me dispongo a hacerlo (mejor no!).
Otro punto para la edición. El ritmo de la película es bueno y, sin tomarnos por imbéciles, nos ayuda a nos perdernos entre tantas historias paralelas, manteniéndonos despiertos.
Lo que sí - hay que decirlo - Nolan ya nos dijo con El Origen todo lo que nos podía decir echando mano de este argumento (por qué no?) original. En mi opinión, una secuela no vale otro balde de pochoclo. Mejor dejemos que el final abierto sea realmente eso. Y que los cerremos y lo volvamos a abrir nosotros, en otras salas oscuras, entre amigos y entre copas.
Hasta que llegó un domingo. Eran las 19h00 y solo en mi casa trataba de escribir algunas líneas que me pudieran salvarme de la perdición la mañana siguiente. La procastinación no es una elección: es un estado de espíritu. El escorpión no puede con su naturaleza. Así que agarré la billetera y fui a ver El Origen, de Nolan. Balde de pochoclo en mano.
No voy a posar de bueno: la película me gustó. Coincido con Fito: otros habrán explorado más y mejor el mundo de los sueños (aguante Lynch y su Mulholland Dr.). Pero creo que Joaco se acerca mucho más - su comment al post de Kansas no tiene desperdicio. Si de comparar se trata, Nolan no compite con Buñuel, sino con los Wachowsky, de Matrix.
Más que en el mundo de los sueños, Nolan nos invita a entrar en el mundo de las ideas, en el mundo de la creación. Qué es la realidad? Será un debate desgastado - valga Aristóteles - pero que nos sigue encantando. O al menos a mí. Cuál es la realidad deviene menos importante que la consciencia de que existen muchas más cosas que las que percibimos en nuestra limitadísima consciencia. No solo existen, sino que cobran materialidad en nuestras aburridas y cotidianas vidas. Una verdad de perogullo, quizás, pero muy bien trabajada. Acaso Shakespeare inventó la traición? Por supuesto, no quiero comparar a Nolan con el autor de MacBeth, pero ayuda a ilustrar mi argumento.
Pero algo más me dejó pensando cuando dejé la sala oscura y estaba en el mismo título de la película. Traducida al castellano como "origen", "inception" figura en el diccionario como "the establishment or starting point of an institution or activity". Intencionalmente o no, la película de Nolan ayuda a reforzar mi duda acerca de extrema dificultad de, racionalmente, precisar el surgimiento de la mayoría de las cosas. Lo mismo para la pretensión de controlar su curso. Quién le plantea la duda a Mal? La culpa de Cobb no es más que otro reflejo de su megalomania. Un rasgo de su personalidad que termina jaqueado cuando él se ve obligado a incurrir en el mismo "error" para "salvarlo" a Saito (ok, guys, this is Hollywood). Tendrá que matarse para volver a vivir. La paradoja atraviesa toda la trama y de forma muy elegante, para mí.
A esto le sumo los increíbles gráficos. Una vez más: sabia decisión la de elegir el HD al 3D - si nuestro cerebro es capaz de hacer la decodificación, para qué ahorrarle (poco) esfuerzo a la masa gris para "ganar" una menor variedad de colores (bancatela de nuevo, Burton!). Si los sueños se ven "demasiado" reales, mejor! Quién no se ha confundido entre sueño y realidad? Perdonenme, pero aún siendo miope (antes de la operación) nunca mis sueños fueron borrosos y todavía dudo que no pueda volar, si realmente me dispongo a hacerlo (mejor no!).
Otro punto para la edición. El ritmo de la película es bueno y, sin tomarnos por imbéciles, nos ayuda a nos perdernos entre tantas historias paralelas, manteniéndonos despiertos.
Lo que sí - hay que decirlo - Nolan ya nos dijo con El Origen todo lo que nos podía decir echando mano de este argumento (por qué no?) original. En mi opinión, una secuela no vale otro balde de pochoclo. Mejor dejemos que el final abierto sea realmente eso. Y que los cerremos y lo volvamos a abrir nosotros, en otras salas oscuras, entre amigos y entre copas.
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